Europa
se encuentra en una gran crisis de valores debido a que con la guerra
en Siria, miles de personas buscan un nuevo hogar fuera de su país e
intentan refugiarse en Europa.Esto hace que haya un masivo número
de personas que intentan cruzar sus fronteras por lo que Europa ha
dejado a un lado los valores con los que se fundó tras la
incapacidad de poder asistir a tantas personas e intentar darles un
futuro mejor.
Aún
con las impactantes imágenes de cientos de miles de refugiados en
las fronteras externas de Europa, nuestra atención sigue
centralizada en las discusiones y negociaciones de las que tan solo
nos llega una tibia y débil respuesta interna de las instituciones
europeas. ¿Dónde quedan aquellos valores democráticos de
solidaridad, dignidad y libertad sobre los que se ha construido la
Unión Europea? Los discursos políticos hablan de «crisis
migratoria» o incluso «crisis humanitaria»
En
este marco vuelven a relucir los valores europeos fundamentales; tal
y como recoge el propio Tratado de
Lisboa: «respeto de la dignidad
humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto
de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas
pertenecientes a minorías».
¿Son
valores europeos, universales o nacionales?
A
primera vista los valores europeos no se diferencian de los valores
universales y de hecho no tendrían que distinguir Europa del resto
del mundo. Lo específicamente «europeo» de estos valores es la
importancia histórica de reconocer unos valores compartidos entre
países que acababan de vivir y participar en las dos guerras
mundiales.
Europa
sufre una crisis económica y financiera en medio de la cual los
valores de tolerancia y apertura están en retirada. Hay cientos de
miles de personas que quieren entrar en Europa –refugiados y
migrantes– y la respuesta de nuestros gobernantes es dejar que los
países con fronteras externas construyan vallas o busquen cualquier
otra vía para rechazarlos. Hemos podido escuchar a François
Hollande, retomando palabras de François Mitterrand: «El
nacionalismo es la guerra», añadiendo además que «la soberanía
es el declive». Angela Merkel, en la misma sesión plenaria, veía
en el retorno de las fronteras nacionales, sin unidad para combatir
la crisis, el fin de Europa: «Más Europa, no menos», reclamaba.
Es
la actual crisis económica y financiera de Europa, así como las
estrictas medidas de austeridad resultantes, las que alimentan
discursos populistas directamente antieuropeos. A esto se añade la
alarma social del terrorismo islamista, que trata de vincular la
identidad musulmana con una inmigración excesiva por culpa,
precisamente, de la apertura de las fronteras. Todo ello genera la
química perfecta para discursos populistas, cobardías
institucionales y miedo al extranjero por temor a la pérdida de una
supuesta identidad europea.
Los
países de la Unión Europea no están actuando según los tratados
internacionales y europeos, ni en coherencia con los valores
fundacionales de la Unión de solidaridad y respeto de los derechos
humanos. La consecución de un sistema europeo común de asilo parece
inalcanzable.
En
la actualidad más de 60 millones de personas viven lejos de sus
hogares a causa de la persecución, la violencia y la vulneración de
los derechos humanos. Asistimos al mayor éxodo de personas
refugiadas desde la Segunda Guerra mundial.






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