domingo, 12 de junio de 2016

REFUGIADOS: CRISIS DE VALORES Y CONFLICTO EUROPEO




Europa se encuentra en una gran crisis de valores debido a que con la guerra en Siria, miles de personas buscan un nuevo hogar fuera de su país e intentan refugiarse en Europa.Esto hace que haya un masivo número de personas que intentan cruzar sus fronteras por lo que Europa ha dejado a un lado los valores con los que se fundó tras la incapacidad de poder asistir a tantas personas e intentar darles un futuro mejor.
 

Aún con las impactantes imágenes de cientos de miles de refugiados en las fronteras externas de Europa, nuestra atención sigue centralizada en las discusiones y negociaciones de las que tan solo nos llega una tibia y débil respuesta interna de las instituciones europeas. ¿Dónde quedan aquellos valores democráticos de solidaridad, dignidad y libertad sobre los que se ha construido la Unión Europea? Los discursos políticos hablan de «crisis migratoria» o incluso «crisis humanitaria»
En este marco vuelven a relucir los valores europeos fundamentales; tal y como recoge el propio Tratado de Lisboa: «respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías».
¿Son valores europeos, universales o nacionales?
A primera vista los valores europeos no se diferencian de los valores universales y de hecho no tendrían que distinguir Europa del resto del mundo. Lo específicamente «europeo» de estos valores es la importancia histórica de reconocer unos valores compartidos entre países que acababan de vivir y participar en las dos guerras mundiales.
Europa sufre una crisis económica y financiera en medio de la cual los valores de tolerancia y apertura están en retirada. Hay cientos de miles de personas que quieren entrar en Europa –refugiados y migrantes– y la respuesta de nuestros gobernantes es dejar que los países con fronteras externas construyan vallas o busquen cualquier otra vía para rechazarlos. Hemos podido escuchar a François Hollande, retomando palabras de François Mitterrand: «El nacionalismo es la guerra», añadiendo además que «la soberanía es el declive». Angela Merkel, en la misma sesión plenaria, veía en el retorno de las fronteras nacionales, sin unidad para combatir la crisis, el fin de Europa: «Más Europa, no menos», reclamaba.
Es la actual crisis económica y financiera de Europa, así como las estrictas medidas de austeridad resultantes, las que alimentan discursos populistas directamente antieuropeos. A esto se añade la alarma social del terrorismo islamista, que trata de vincular la identidad musulmana con una inmigración excesiva por culpa, precisamente, de la apertura de las fronteras. Todo ello genera la química perfecta para discursos populistas, cobardías institucionales y miedo al extranjero por temor a la pérdida de una supuesta identidad europea.

Los países de la Unión Europea no están actuando según los tratados internacionales y europeos, ni en coherencia con los valores fundacionales de la Unión de solidaridad y respeto de los derechos humanos. La consecución de un sistema europeo común de asilo parece inalcanzable.
En la actualidad más de 60 millones de personas viven lejos de sus hogares a causa de la persecución, la violencia y la vulneración de los derechos humanos. Asistimos al mayor éxodo de personas refugiadas desde la Segunda Guerra mundial.






No hay comentarios:

Publicar un comentario